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Número de Septiembre  28 -09 -2006

 

El uso de los detectores de metales

 

por   Ignacio   Rodríguez   Temiño

Jefe del Departamento de Protección del Patrimonio Histórico

           Delegación Provincial de Sevilla. Consejería de Cultura. Junta de Andalucía               

Bronces hallados en Maquiz

Restrinjo la amplitud  del término expolio a la de recolección de objetos arqueológicos  asociada al uso de detectores de metal por personas no autorizadas, destinadas normalmente al coleccionismo particular. Resulta chocante la poca consideración que está recibiendo este tema, a pesar de haberse convertido en una amenaza muy extendida debido a la popularización del uso de estas máquinas y a ser una de las causas más frecuentes de las denuncias de la Guardia Civil en materia de expolio del patrimonio arqueológico. La magnitud alcanzada por esta forma deliberada de pillaje arqueológico -la segunda en importancia, tras el cometido por las obras de envergadura públicas o privadas- es desconocido, pero pesa en el ánimo de todos los que se han acercado a este problema que debe ser enorme.

En Inglaterra, a mediados de los noventa, cuando la voraz fiebre por salir al campo con un detector, característica del decenio anterior, había entrado en una fase de estabilidad, se calculaba que los aproximadamente 30.000 usuarios de estos aparatos podían recoger una media de 400.000 piezas al año (Dobinson y Deninson, 1995).

En España, diversas fuentes procedentes de asociaciones de detectoristas estiman un número de usuarios similar, si bien se dan otras circunstancias que impiden hacer una fácil extrapolación del monto de hallazgos. Para empezar, a diferencia de Inglaterra, aquí  la búsqueda de antigüedades no es una actividad libre para cualquiera que cuente con la autorización del propietario de los terrenos; antes bien, como es ilícito, es objeto de reproche administrativo y penal, con lo que resultaría plausible suponer que las salidas fuesen menos frecuentes y el volumen de hallazgos también. Pero, por otra parte, el territorio español soporta un porcentaje de expolios de yacimientos que -aún sin poseer datos concretos- posiblemente sea varias veces superior que el ocasionado en ese país, por lo que tampoco extrañaría que, al final, el número de objetos antiguos extraídos de la tierra de forma ilícita sea mayor que el calculado por los ingleses.

 

 

 


 

 

El uso de aparatos detectores de metales en excavaciones es algo bastante   habitual en la mayoría de los sitios, salvo aquí, donde parece existir un mal entendido pudor acerca del asunto.  No veo interferencia alguna entre un programa de investigación histórico-arqueológica y el empleo de detectores. En las excavaciones de urgencia también debe existir tal proyecto, puesto que en su defecto no se trataría de una actividad científica, sino de una chapuza o simplemente un expolio más. Pongo por ejemplo las excavaciones de M. O. H. Carver, arqueólogo inglés, que ha escrito sobre metodología arqueológica y estrategias de investigación en Sutton Hoo.

 

Presencia de detecto-aficionados

Fuera de reconocidas excavaciones arqueológicas. Yo he colaborado con aficionados en mis excavaciones de Écija (Sevilla) y la verdad es que quienes venían no solían ser los expoliadores profesionales, más bien eran personas interesadas por el pasado local. No veo ningún problema en ello.

Cuando una persona va con un detector de metales no produce hallazgos casuales, sino causales, con lo cual la doctrina jurídica del hallazgo casual no le es de aplicación, sino que para tipificar su conducta habrá de ir a lo que dispone la ley de la comunidad autónoma en la que opera para tipificar su conducta.

 

Desde la Directiva de la Unión Europea 921, que mostraba su preocupación por la proliferación del uso de detectores de metal, la legislación de cada país se ha mostrado especialmente beligerante para someter a autorización previa el uso de estos aparatos. Sé que no resulta justo enjuiciar a todos los detecto-aficionados por el mismo patrón y, mucho menos calificarlos de expoliadores.

 

Cómo poner una línea clara y divisoria

Pongo como ejemplo un caso verídico, una persona es sorprendida por la Guardia civil con un detector en una zanja hasta las rodillas expoliando cistas funerarias del bronce medio del valle del Guadalquivir, una joya no por su riqueza sino por su rareza.

Se le sanciona por expolio. Dos años más tarde esta misma persona es sorprendida por otra patrulla con un detector prospectando en un lugar donde no existen yacimientos conocidos, ¿significa esto que su ánimo no sea el de expoliar, sobre todo cuando se sabe que se dedica a vivir del producto del expolio aunque no se pueda demostrar ante un juez o esta conducta no esté tipificada penalmente y entonces no pueda ser procesado por ello?

 

Cuando se plantean estos temas mi duda es siempre la misma: cómo distinguir quién tiene ánimo expoliador y quién no, porque eso sí, el detector no distingue si el metal enterrado es el anillo que  se te perdió ayer o un anillo de un ajuar de un enterramiento romano. Y para averiguar tal extremo la única solución es cavar y desenterrar lo detectado. Con lo cual puede existir un expolio involuntario, pero no por ello menos nocivo para el patrimonio arqueológico.

 

   


Reglamento de Actividades Arqueológicas  Los arqueólogos y los detectoristas, por Álvaro Cifuentes Martín  Reflexiones sobre una afición, por Juan Antonio González Tornos


El proyecto del Museo Ibero

 

  El desbloqueo de su construcción  en los periódicos:

<> Diario IDEAL <> Diario JAÉN <> Periódico "El Pais" <>

 

Casi todos los "viejos" documentos sobre la reversión


La demolición de la cárcel retrasará al 2007 las obras del Museo Ibero.

   El 5 de julio de 2006 se inició  el derribo

La noticia en el periódico IDEAL.  Centro de Documentación Virtual sobre el mundo ibero en  Jaén

Batsi en peligro por los expoliadores.  Iberia, Hispania, Spania.  Una mirada desde Ilici.

Los principes esculpidos  de Porcuna, por Ricardo Olmos del Instituto de Historia CSIC.

Este yacimiemto de CÁSTULO es una ruina.  Castellar reclama a Cataluña sus vasos iberos