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Número de Septiembre  28 -09 -2006

 

Arqueólogos y detectoristas en el mismo equipo

 

por   Álvaro Cifuentes Martín

alvacimar@yahoo.es

                     

    Pienso que se sigue ocultando en España los hallazgos, cosa que no ocurre en otros paises como Inglaterra, debido a las leyes que aquí penalizan una afición. Es por lo que creo que una excelente idea para remediar lo anterior es enviar de forma anónima a la institución correspondiente, fotos de los hallazgos de objetos antiguos junto con la localización más aproximada posible, ya que si, tal y como se encargan de decir una y otra vez los arqueólogos, lo primero que les interesa es la información histórica que una determinada pieza pueda aportar y no la pieza en sí.

    Pues con esto queda el terreno delimitado y todos tan contentos: La pieza para el que la encuentra y la información para los arqueólogos.

    Creo que junto a las fotos y a la localización del hallazgo, se debería adjuntar una carta explicativa argumentando los motivos por los cuales nos vemos obligados a guardar el anonimato y reivindicando el derecho de ejercer nuestra afición libremente.

    Es cierto que determinadas piezas que se pueden encontrar con los detectores y debido a su valor intrínseco (además del histórico) seguramente pueden tener mejor destino que el ser admiradas en una vitrina casera por un reducido número de visitas, pero también no es menos cierto que si en España hubiera una legislación efectiva (la ley existe, pero no la voluntad para su cumplimiento efectivo) que contemplase la fórmula de la compensación material al autor casual de los hallazgos arqueológicos tal y como sucede en muchos otros países, las cosas serían diferentes.

    Sirva de ejemplo lo sucedido a unos chicos ingleses. Su gobierno les había indemnizado con una millonada por haber encontrado con un detector de principiante, una empuñadura de espada celta de oro con incrustaciones. Si aquí a alguien le ocurriese lo mismo y fuese con toda su buena intención a declarar el hallazgo, la pieza le sería confiscada de inmediato, no percibiría ni un duro de indemnización por su hallazgo y correría el riesgo más que probable de ser denunciado por atentar contra el patrimonio histórico.
    Es evidente que al detectoaficionado se le debe exigir un código ético de conducta al igual que se le exige al automovilista, al excursionista, al cazador, al usuario de los transportes públicos y a tantos otros colectivos. Un código por otra parte que entra dentro del más elemental sentido de la responsabilidad, la lógica y el respeto hacia los demás.
    Todos sabemos que está prohibido usar un detector en un yacimiento arqueológico. Aún así hay mucha gente que lo hace y que lo seguirá haciendo. Pero no por ello se nos ha de medir a todos los aficionados por el mismo rasero, al igual que por el hecho de que haya subnormales capaces de encender un fuego en el monte para asar unas chuletitas, que acaban provocando un incendio forestal, se debe considerar a todos los excursionistas como pirómanos en potencia.
    Es muy frecuente combatir la falta de cultura, sobre todo la incultura social y medioambiental, con medidas prohibitivas cuando no represivas, y es por ello que de seguir las cosas así, no veo lejano el día en que la venta, tenencia y uso de detectores de metales en España quedará totalmente prohibida.

    La  principal causa es la clandestinidad en que se ven obligados a moverse los detectoaficionados, debido a la alegalidad de dicha afición y a la natural predisposición que sienten los agentes de la autoridad de nuestro país a amenazar, requisar los equipos  y a denunciarles a pesar de no existir ninguna ley que prohiba el uso de un detector de metales fuera de un yacimiento arqueológico. Es por ello que la unión de los detectoaficionados a nivel nacional se plantea complicada, ya que la mayoría prefieren detectar en las sombras y lejos de miradas inquisitivas antes de perder su equipo o arriesgarse a una denuncia que nunca se sabe como acabará.
    La mejor propaganda que se puede hacer de cara a mejorar la imagen de esa afición es la que los mismos detectoristas podían hacer:
    - Pidiendo permiso a los dueños del campo en el que piensa detectar y respetando su negativa si esta se produce.
    - Tapando SIEMPRE los agujeros que se hagan.
    - Retirando toda la basura de campos y playas detectadas.
    - Evitando religiosamente los yacimientos arqueológicos -hasta los que no están  señalizados como tales-  y sus zonas próximas.
    - Evitando enfrentamientos dialécticos innecesarios con los agentes de las fuerzas de orden público , que además de no conducir a nada positivo, pueden acabar mal.

    - Haciendo propaganda de su afición entre sus amistades.
    - Imitando el ejemplo de varias comunidades (Andalucía, Castilla-León,  Extremadura,...) donde ya existen asociaciones de detectoaficionados, algunas de las cuales muy bien organizadas. Creo que no es complicado el tener una cobertura "legal" para crear estas asociaciones ya que basta con reunir un mínimo de personas (Presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y un par de vocales) que formen una junta, solicitar los impresos correspondientes en la Consejería de Cultura y deportes de la Comunidad correspondiente (son los mismos que se usan para dar de alta cualquier asociación cultural o deportiva sin ánimo de lucro) y presentarlos una vez rellenos en el registro de entrada de dicha Consejería. Pienso por ello que si esta práctica se difundiera por toda nuestra geografía, no sería excesivamente complicado solicitar al Ministerio de Cultura la creación de una Federación Española de Detectoaficionados, que gozaría de los mismos derechos y obligaciones que la Federación Española de Hockey, Ajedrez, Montañismo, etc.. Cada socio federado dispondría de una licencia anual renovable, un seguro, un carnet e incluso se podrían impartir (por qué no?) cursos de formación para los nuevos aficionados.

     Se podría completar lo anterior con los siguientes puntos:
        1) Prohibición total de la búsqueda para los detectoaficionados en zonas declaradas como yacimientos arqueológicos sin autorización previa. Y multas máximas para los que no respeten esta norma.
        2) Obligatoriedad de declarar el hallazgo de todas las piezas antiguas encontradas así  como el lugar donde fueron halladas con el fin de crear un registro informatizado que fuese accesible para TODOS (no sólo para los elegidos de turno). Cada pieza quedaría identificada por un código propio y único para siempre (podría ser un código de barras). En principio la pieza quedaría en propiedad del que la hallase a menos que el Ayuntamiento donde se efectúe el hallazgo, la Comunidad Autónoma respectiva o el Gobierno de la Nación declarasen la pieza como "de especial interés museístico o histórico" con lo cual se iniciaría un procedimiento de expropiación o venta forzosa al Organismo correspondiente, el cual debería de pagar en un plazo breve (a nadie le interesaría que la indemnización la cobrasen sus nietos) una indemnización económica al hallador de la pieza acorde con su valor real. El resto de piezas quedarían en poder del que las hallase, pudiendo venderlas, regalarlas, donarlas o comérselas si quiere, siempre y cuando notificase las transacciones efectuadas en el registro antes mencionado para no perder la pista de la pieza. También estaría obligado a comunicar su deterioro, robo o extravío. Asimismo el propietario de la pieza estaría obligado a mostrarla o cederla temporalmente si fuera necesario para su estudio científico.

    De este modo se conseguiría:

    1) Una localización precisa en todo momento de cada pieza, lo cual facilitaría  enormemente la labor de los investigadores.
    2) Se combatiría la nefasta imagen de "clandestinos" y expoliadores que actualmente  tenemos los detectoaficionados.
    3) El mercado negro de piezas arqueológicas tendería a desaparecer, ya que pocas personas se arriesgarían a comprar una pieza que no tuviese su correspondiente código identificativo, sabiendo además que no podrían tampoco exhibirla públicamente ni comerciar legalmente con ella con posterioridad.
    4) Los fondos museístico del país se enriquecerían con piezas escogidas que de otro  modo jamás verían la luz ni podrían ser admiradas ni estudiadas por nadie.
    5) Por fin los detectoaficionados podrían buscar tranquilamente y a plena luz del  día sin temer que nos denuncien, nos confisquen el equipo o hagan un registro "sorpresa" en nuestros domicilios.
    
    Criticando los puntos anteriores encontramos estos dos inconvenientes:

    1º- Desgraciadamente, a los arqueólogos la información histórica que les aporta una  pieza determinada no es lo único que les interesa:
    El substrato en el que esa pieza se encuentra y los materiales de su entorno, incluso la disposición de estos en algunos casos, también les brinda un caudal de información de, en muchas ocasiones, extremada importancia.
    Así pues, lo que yo sugiero, la única finalidad que tiene es reducir la perdida de  información al máximo... pero aún así hay que ser muy conscientes de que cada vez que extraemos una pieza sin utilizar una metodología arqueológica estricta estamos hurtando a la ciencia un cierto volumen de información.
    2º- Lo de la carta explicativa adicional puede estar bien, pero sólo a titulo testimonial, pues sin conocer al autor no le puede la Administración compensar.
    3º- No es exacto que exista una ley que permita compensar económicamente al autor de un hallazgo,  si ese hallazgo no se produce de una forma "casual".    
    Se prima al que, quizás con pleno conocimiento de causa, quizás sin el, mete la pala del bulldozer, destroza un yacimiento, y encuentra un tesorillo o una obra de arte, quizás irremisiblemente dañada en el proceso de su hallazgo "casual" (Ciertamente, algunos lo son.... pero menos de los que en justicia cabría suponer)... mientras que se penaliza al que utiliza su inteligencia y su capacidad investigadora, sus conocimientos y la inversión en costosos equipos, para descubrir la localización de alguna valiosa pieza.
    Ciertamente, si se pagase no sólo por las piezas encontradas, si no por las  posteriormente extraídas con métodos arqueológicos de los yacimientos declarados, seguramente se preservaría la integridad de muchísimos yacimientos que hoy en día no sólo son expoliados si no que, desgraciadamente, en muchos casos, son asolados.
    4º- Prohibición de detectar en las inmediaciones de yacimientos  arqueológicos:
    Considero que precisamente en esas zonas es donde mayor aplicación puede tener un detector de metales, y donde mayores aportaciones a la arqueología y a la historia pueden producir nuestros hallazgos  convenientemente declarados:
    Localizando piezas dispersas en las proximidades de yacimientos arqueológicos que, por su dispersión, resultan inalcanzables para las técnicas arqueológicas convencionales y quedan condenadas a permanecer ocultas a los ojos del mundo y la ciencia.
    La aplicación de detectores en estas áreas, si no es realizada por equipos  arqueológicos, podría serlo por detectoaficionados, y si las piezas procedentes de estas zonas próximas a grandes yacimientos se declarasen, es indudable que no sólo brindarían más información sobre el yacimiento en si mismo, si no también sobre algunos sucesos ocurridos en su entorno, cómo, por ejemplo, batallas, que en la actualidad pueden permanecer ignotos.
    Otra consecuencia de esto sería también el "descubrimiento" de pequeños  yacimientos anexos al original hoy en día desconocidos, o el hallazgo de zonas "calientes" con gran densidad de objetos, cómo podría suceder en las áreas donde se han producido batallas o donde ha habido mercados, por ejemplo, que quizás mereciesen y permitiesen un estudio arqueológico con la metodología convencional.
    5º- Respecto a la "tasa" por pieza, claro está que a ninguno nos gusta pagar más impuestos y tasas de los que ya, desgraciadamente, nos vemos obligados a pagar.
    Sin embargo, considero que esa idea podría entroncar perfectamente con las  necesidades de los arqueólogos de este país, siempre carentes de suficientes fondos para ejecutar las necesarias excavaciones de los diversos yacimientos.
    Si fuese así y la parte de esa tasa que no se emplease en sustentar la estructura administrativa necesaria para fichar y mantener el seguimiento de la totalidad de las piezas fuese a ir destinada a la financiación de estudios arqueológicos, soy de la opinión de que sería posible conseguir que detectoaficionados y arqueólogos creásemos un frente común ante la administración, lo que, a su vez, seguramente propiciaría el que ambos colectivos nos conociésemos mejor y limásemos diferencias e, incluso, ¿por qué no? comenzásemos a colaborar en serio para nuestro común beneficio.
    Por otra parte, la administración, cómo es bien sabido, siempre ve con buenos ojos cualquier propuesta que pueda incrementar su recaudación... o que se pueda ejecutar sin detraer partidas presupuestarias ya adjudicadas para otros fines. Y si, además, puede incrementar alguna de esas partidas e incluso liberar fondos actualmente destinados a ellas que puedan ser utilizados otros menesteres, pues mejor que mejor.

 

 


 

 

Del artículo de INTERVIU, julio-agosto 2006,  "Denuncian el abandono de Cástulo, Linares en Jaén":

 


Reglamento de Actividades Arqueológicas    El uso de los detectores por Ignacio R. Temiño

 Reflexiones sobre una afición, por J. Antonio González Tornos


 

El proyecto del Museo Ibero

 

  El desbloqueo de su construcción  en los periódicos:

<> Diario IDEAL <> Diario JAÉN <> Periódico "El Pais" <>

 

Casi todos los "viejos" documentos sobre la reversión


La demolición de la cárcel retrasará al 2007 las obras del Museo Ibero.

   El 5 de julio de 2006 se inició  el derribo

La noticia en el periódico IDEAL.  Centro de Documentación Virtual sobre el mundo ibero en  Jaén

Batsi en peligro por los expoliadores.  Iberia, Hispania, Spania.  Una mirada desde Ilici.

Los principes esculpidos  de Porcuna, por Ricardo Olmos del Instituto de Historia CSIC.

Este yacimiemto de CÁSTULO es una ruina.  Castellar reclama a Cataluña sus vasos iberos