31-12- 2002

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 Informe de la Guardia Civil sobre el expolio Arqueológico en España 

        La Guardia Civil recuerda a la opinión pública que la Ley de Patrimonio Histórico, prohíbe la búsqueda de restos arqueológico sin la preceptiva autorización y que el hallazgo de forma casual o previa excavación autorizada, deberá ser entregada inmediatamente a la Administración (Guardia Civil, Museos, Ayuntamientos, etc.)

La Guardia Civil, por su despliegue disperso que cubre todo el territorio nacional, constituye un instrumento especialmente idóneo para atender a la protección de un patrimonio igualmente disperso y, por ello, sometido a grandes riesgos de expoliación. Como en todos los ámbitos delictivos, la labor del Cuerpo se realiza en una doble vertiente, preventiva y represiva; la primera se realiza mediante la vigilancia y protección de los lugares donde se encuentran los bienes culturales, edificios religiosos, viviendas particulares, museos, yacimientos arqueológicos, etc, así como en la vigilancia de las fronteras para impedir la exportación ilícita; la segunda se lleva a cabo con la investigación de los hechos delictivos e infracciones cometidas.

 

 

diciembre de 2002

 


    

   Índice

1. SITUACIÓN ACTUAL
2. TIPOS DE INTERVENCIONES E IMPLICADOS
3. EL COMERCIO DE BIENES ARQUEOLÓGICOS
4. OTROS TIPOS DE EXPOLIOS


1. SITUACIÓN ACTUAL

           El número de expolios arqueológicos cometidos anualmente en nuestro país es imposible de determinar, ya que únicamente tenemos datos de los descubiertos por las Fuerzas de Seguridad, generalmente al sorprender in fraganti al saqueador en el yacimiento en su tarea de búsqueda clandestina, o bien porque el expolio se lleve a cabo en un yacimiento que se encuentra en proceso de excavación autorizada. Por tanto, los datos que se van a exponer en este informe son únicamente de los denunciados por las distintas Unidades de la Guardia Civil.

Se incluyen las actuaciones llevadas a cabo en los últimos cuatro años, contabilizando tanto los ilícitos administrativos como penales, donde hasta el año 2.000 se puede observar un continuo incremento en el número de intervenciones. Este aumento puede deberse, más que a un aumento en el número de expolios, a un conjunto de circunstancias entre las que hay que destacar una mejora en la formación de las distintas Unidades, sobre todo a través de cursos impartidos por las distintas Administraciones, la experiencia adquirida por los agentes que trabajan sobre el terreno, así como una clarificación en las normas y procedimientos legales por parte de las Administraciones Autónomas.

En una comparativa por Comunidades Autónomas en el mismo periodo de tiempo se observa una enorme diferencia en el número de actuaciones realizadas en Andalucía, con respecto al resto de Comunidades, que se puede explicar por una serie de circunstancias como son que es la segunda Comunidad con mayor extensión territorial; su gran riqueza de yacimientos arqueológicos; existencia de grupos relativamente organizados dedicados al expolio de yacimientos; y a una gran concienciación de la Administración Autonómica ante este problema. Todo esto sumado hace que se produzca esta gran diferencia, ya que en esta Comunidad se llevan a cabo algo más de la mitad del total de intervenciones.

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2. TIPOS DE INTERVENCIONES E IMPLICADOS

               Se puede realizar la siguiente clasificación de las actividades ilícitas denunciadas:

  • Uso de detectores de metales en zonas arqueológicas y prospecciones ilegales. Constituyen un 75% del total de actuaciones, afectando a casi todas las Comunidades.

  • Daños en yacimientos arqueológicos, calzadas romanas, edificios protegidos, etc, mediante la realización de obras para la construcción de edificios o vías de comunicación; colocación de antenas de telefonía móvil; vertido de basuras. Suponen un 14% del total y afectan principalmente a zonas turísticas o con alta densidad de población, donde se realizan muchas obras.

  • Tenencia de objetos arqueológicos procedentes de expolio, para destinarlos al comercio ilícito, o bien para disfrute personal.

  • Expolio de yacimientos paleontológicos.

  • Expolio de yacimientos subacuáticos.

  • Expolio de pinturas rupestres en cuevas protegidas.

Con respecto a los implicados en estas actividades ilícitas, en primer lugar se puede realizar una división clara entre Instituciones, Entidades Privadas y Particulares. La mayor parte de las Instituciones son Ayuntamientos y en menor medida Confederaciones Hidrográficas, siendo las infracciones cometidas obras y daños en yacimientos arqueológicos. En cuanto a las Entidades Privadas son sobre todo empresas que trabajan en el sector de la construcción, de la extracción de materiales para estas empresas (canteras) y últimamente de compañías de Telefonía Móvil que provocan daños a yacimientos en el proceso de colocación de repetidores; luego también se encuentran Clubes Náuticos, Comunidades de Montes y Sociedades Deportivas, siendo las infracciones cometidas las mismas que las Instituciones. Respecto a los particulares es necesario un tratamiento más en profundidad, por lo que se hablará de éstos a continuación.

Infractores particulares de la legislación sobre Patrimonio Arqueológico

Prácticamente la totalidad de las infracciones, penales o administrativas, por uso de detectores de metales y prospecciones ilícitas son cometidas por personas físicas, aunque también los particulares reciben bastantes denuncias por daños y obras ilegales.

Aproximadamente un 30% del total de las infracciones cometidas por particulares son realizadas por reincidentes, es decir, por personas con más de una denuncia, llegando en algunos casos a seis denuncias en el periodo de cuatro años estudiado. Esta persistencia nos da idea de una cierta organización.

Respecto a la procedencia de las personas reincidentes, son sobre todo de las provincias de Córdoba, Jaén y Sevilla. La mayoría de ellos circunscriben su actuación a su provincia de residencia, aunque en ocasiones extienden su actividad a las limítrofes, no obstante, hay varios grupos que extienden su radio de acción a puntos bastante lejanos, concretamente a Palencia, Teruel, Soria y Ávila.

Habitualmente, cuando las Fuerzas de Seguridad sorprenden a estos individuos en el yacimiento, tanto a los reincidentes como a los ocasionales, en plena faena de búsqueda de objetos arqueológicos suelen tener consigo pocos materiales, siendo la mayoría de ellos restos metálicos (monedas, hebillas, anillos, fíbulas, botones, plomos, puntas de flecha, etc), aunque en casos excepcionales se han intervenido algunas vasijas, mosaicos, lucernas y ungüentarios.

Las intervenciones importantes de material arqueológico requieren de una investigación policial más o menos larga, que suele culminar con un registro en domicilio y, a veces, almacenes de los investigados, siendo frecuente en estos casos, la aprehensión de varios miles de objetos entre monedas, exvotos, fíbulas, elementos líticos, cerámicas, etc; e intervención de mapas y planos con localización de yacimientos.

Del análisis de los datos de las intervenciones realizadas por la Guardia Civil, se pueden establecer tres tipos principales y claramente diferenciados de expoliadores de yacimientos arqueológicos, también conocidos por furtivos o clandestinos:

Los ocasionales son aficionados que buscan restos arqueológicos en sus horas de ocio normalmente para su colección particular, empleando para ello medios rudimentarios. No buscan lucrarse, atesoran, venden o intercambian lo hallado y pueden llegar a mantener contactos puntuales con una red de traficantes. Generalmente cuando son sorprendidos por las Fuerzas de Seguridad no vuelven a reincidir.

Los habituales presentan las siguientes características:

  • Se mueven únicamente por motivos económicos y están dedicados totalmente a esta actividad, por lo que siguen actuando aunque se les denuncie por estos hechos.

  • Actúan en amplias zonas, moviéndose en grupos de entre 2 a 4 individuos. Disponen para ello de vehículos todo terreno que les permiten llegar a yacimientos de difícil acceso.

  • Realizan excavaciones profundas y por tanto son los que causan los mayores daños. Trabajan en ocasiones, durante la noche para conseguir una mayor impunidad.

  • En los registros que se realizan en sus domicilios, suele encontrarse material arqueológico, productos químicos para la limpieza de los restos metálicos hallados, planos de yacimientos, facturas de venta, fotografías de efectos expoliados y en alguna ocasión diario de excavaciones, así como el omnipresente detector de metales.

  • Están integrados dentro de una red, lo que les permite intercambiar experiencias, materiales y conocer los circuitos de comercialización más adecuados.

  • Sus edades oscilan entre los 35 y los 45 años, aunque a veces suelen ir acompañados por algún miembro joven de la familia.

Se ha dado algún caso de que algunos de estos individuos realicen donaciones a museos de piezas menores, con la finalidad de obtener alguna carta de agradecimiento o de aceptación de la entrega, para poder utilizarla como medio de engaño cuando sean sorprendidos in fraganti en su actividad expoliadora. En alguna de estas ocasiones, las piezas son aceptados por el museo para evitar que caigan en otras manos, aunque las personas que lo entregan no puedan acreditar su procedencia legal. Normalmente se trata de museos de carácter local y cada vez se dan con menos frecuencia estas situaciones.

Y por último nos encontrarnos con los llamados eruditos locales que son aficionados a la arqueología que movidos por su afición a la historia o a la cultura, se dedican a la búsqueda de este tipo de objetos, sin las autorizaciones correspondientes y con total desconocimiento de las técnicas de excavación actuales, erigiéndose en supuestos salvadores de la cultura local, llegando, en ocasiones, a acumular importantes colecciones. Igualmente existen diversos colectivos de aficionados a la Arqueología que plantean la misma problemática que los eruditos locales, siendo su intención real o supuesta la creación de un museo arqueológico o centro cultural en el pueblo donde tiene su sede el colectivo.

Como se ha visto por los datos estadísticos aportados anteriormente, el detector de metales es la herramienta fundamental para los furtivos, pudiéndose encontrar de muchas clases y precios. En España su venta es libre y por tanto también su tenencia y respecto a su uso, tanto los vendedores como sus propietarios aducen que su empleo es únicamente para la búsqueda de minerales, sin embargo la realidad es que se usan para el expolio de yacimientos arqueológicos.

Para la defensa de sus intereses, estos usuarios del detector han constituido diversas Asociaciones de detectoristas, en cuyos estatutos establecen que sus miembros son aficionados únicamente a la búsqueda de minerales y que su código ético les obliga a que en el caso de localizar objetos de interés arqueológico deberán entregarlos a las Autoridades. Bastantes expoliadores sorprendidos "in fraganti" exhiben unos carnets de miembros de alguna asociación de este tipo con el que pretenden justificar su actividad, que por supuesto no tiene ninguna validez para amparar esta conducta.

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3. EL COMERCIO DE BIENES ARQUEOLÓGICOS

               En España, para considerar lícito el comercio de piezas arqueológicas, éstas deben proceder de colecciones legales o bien demostrar su adquisición legal, que podrá ser a través de compras en el extranjero, con sus correspondientes documentos de importación, o bien, adquiridas en comercios legales del territorio nacional, debiendo tener en este último caso sus oportunas facturas. El comercio legal se canaliza a través de establecimientos de numismática o de material arqueológico, los cuales tienen la obligación de llevar un libro de policía, donde tendrán que reflejar detalladamente todas las piezas que se encuentren en el comercio. Además, en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona y Sevilla, periódicamente se celebran unas Convenciones, que son unas reuniones que tienen lugar habitualmente en hoteles y en las cuales se comercia con esta clase de objetos.

Sin embargo, al lado de este mercado lícito florece el ilícito. Las piezas más importantes son vendidas directamente a coleccionistas privados que suelen ser personas con una posición social y económica alta o media-alta, los cuales son conocidos por los furtivos de anteriores ventas. En cambio, las de menor calidad se distribuyen en ciertas poblaciones cercanas a los centros de expolio, concretamente en determinados puntos de reunión, que suelen ser bares, donde se trafica con este material, o bien, en mercadillos de grandes ciudades. La forma de realizar las ventas en estos bares o mercadillos, depende en gran medida de la presión policial existente sobre este comercio ilícito, pudiendo realizarse abiertamente a la vista de todo el mundo o de forma clandestina, ocultando las piezas en bolsas debajo del expositor, vehículos estacionados en los alrededores o en manos de cómplices que se encuentran en las cercanías del lugar.

Hay que tener en cuenta también que el comercio lícito se puede utilizar para encubrir el ilícito, mediante la venta en establecimientos legales de piezas procedentes de expolio o con la falsificación de facturas, todo ello con o sin conocimiento del comerciante.

Por otra parte, se tiene la convicción de que existe un comercio ilícito internacional de objetos arqueológicos, por la aparición de piezas, aparentemente de origen español, en Salas de Subasta internacionales. Se ha detectado que piezas expoliadas en España, salen ilícitamente del país y después vuelven amparadas por una factura de compra, con lo que consiguen encubrir su procedencia real.

Aunque se han descubierto anuncios en prensa ofreciendo materiales arqueológicos, la forma más novedosa de comercio ilícito de bienes arqueológicos que se ha detectado últimamente es el realizado a través de Internet. Cada vez están apareciendo más hechos con esta forma de comercialización, sin embargo, hasta la fecha el caso más importante corresponde a una operación policial llevada a cabo por la Guardia Civil en el mes de septiembre de 1.999, en la que se desarticuló un grupo dedicado al expolio arqueológico y a su posterior exportación ilícita hacia otros países, mediante subastas por INTERNET y en la que se intervinieron más de 9.000 piezas arqueológicas pertenecientes al Patrimonio Histórico Español, con detención de tres personas e intervención de planos arqueológicos, detectores de metales, material informático, registros contables y correspondencia con multitud de compradores. El principal acusado venía actuando desde 1.997 y la mayoría de los envíos se realizaban a U.S.A., aunque también comerciaba con Australia, Canadá, Alemania, Francia, Portugal, etc,.

Por otra parte, según nuestra experiencia, la relación del tráfico ilícito de obras de arte con el de materiales arqueológicos no suele ser muy estrecha, siendo los autores de estos hechos, los canales de distribución y destinatarios finales distintos entre sí. No obstante, por su relevancia se puede mencionar la sustracción de una gran cantidad de materiales del Museo de Arqueología de Cataluña, hecho descubierto a mediados del pasado año, aunque cometidos a lo largo de varios años antes. Finalmente, la Guardia Civil consiguió recuperar más de 4.000 piezas arqueológicas y 150 grabados también sustraídos de la biblioteca del centro, habiendo resultado detenido un antiguo responsable de los fondos del museo y un anticuario de Barcelona.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de las falsificaciones de objetos arqueológicos, modalidad delictiva que se está incrementando últimamente de forma considerable, debido a los importantes beneficios económicos generados por esta actividad. Propiamente no se trata de un expolio y no causa daños al Patrimonio Arqueológico, sino que es una estafa, sin embargo, se debe tener en cuenta la existencia de este fenómeno, ya que podrá darse el caso de intervenir una pieza que aparentemente pueda tratarse de un original y posteriormente, tras un análisis a cargo de especialistas se vea que es una falsificación. Respecto a la elaboración de estas piezas falsificadas, se han detectado dos modalidades, la primera es aquella que ya desde su inicio tiene una finalidad claramente ilícita y por eso, tras la fabricación se somete a la pieza a un proceso de envejecimiento con productos químicos y se las mantiene enterradas en tierra o sumergidas en el agua durante un periodo de tiempo; y la segunda es la adquisición de la pieza en uno de los talleres que existen en España dedicados a la reproducción de objetos arqueológicos y a continuación tratar de hacerla pasar por original empleando el engaño.

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4. OTROS TIPOS DE EXPOLIOS

                       Un tipo especial de expolio arqueológico es el realizado en yacimientos subacuáticos. Las costas españolas están sufriendo un formidable saqueo por múltiples causas, entre las que cabe citar el intenso turismo, la popularización del buceo deportivo, la mejora en los materiales de exploración submarina, etc. En muchas zonas de este mar, y favorecidos por la buena climatología, muchos de turistas localizan y extraen materiales con gran facilidad y casi siempre con total impunidad, debido a la enorme dificultad de vigilar el mar.

Las zonas más afectadas por estos expolios son las costas de Levante, el sur de la península, la costa Catalana y el litoral Gallego. Los casos detectados corresponden en primer lugar a descubrimientos accidentales de pescadores y buceadores deportivos que se quedan para sí los objetos que encuentran o bien los depositan en clubes Náuticos o de buceo, y en segundo lugar, a buceadores dedicados a la búsqueda ilícita de estos materiales para comercializarlos. Los objetos más habituales que se sustraen son cepos romanos, ánforas, anclas y cañones.

Otra forma de expolio subacuático es el llevado a cabo por compañías extranjeras, que disponen de buques con medios sofisticados para extraer los materiales arqueológicos del fondo del mar, en ocasiones situados a grandes profundidades y de gran peso, actuando sobre pecios situados a cierta distancia de la costa. Los materiales obtenidos son vendidos posteriormente, a través de los canales internacionales de compraventa de arte. En España ha habido algún caso en las costas gallegas, donde emplearon como cobertura la extracción de estaño de un buque situado en las proximidades del pecio expoliado.

En cuanto al expolio del arte rupestre, se han detectado dos tipos de conductas diferenciadas, por un lado los daños producidos por conductas vandálicas y por otro lado, la sustracción de las pinturas. Respecto a estos últimos sucesos se han detectado dos formas de comisión, la primera mediante el empleo de medios sofisticados que facilitan el arrancamiento del soporte donde están las pinturas rupestres y la segunda perpetrada de una forma más burda en la que dañan varias figuras antes de conseguir arrancar alguna. Los sistemas empleados para proteger estos lugares son de poca eficacia, ya que se suelen limitar a unos barrotes de hierro con un candado, que son unos elementos muy fáciles de forzar.

En numerosos puntos del territorio nacional, sobre todo en provincias del norte, se están produciendo últimamente bastantes intervenciones por expolio del Patrimonio Paleontológico, y un porcentaje bastante elevado de estos hechos son cometidos por ciudadanos extranjeros, procedentes de los países europeos más cercanos a nosotros.

 


 

Final del documento

 

Informe de la Guardia Civil sobre el expolio Arqueológico en España 

 


 


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