BIENVENIDAS / OS a Los Amigos de los Iberos

Número de Noviembre:  11 -11 -2003


El jurado seleccionó los seis mejores proyectos de los 56  que al final se presentaron al concurso del Museo Ibero

Jaén 5 de noviembre de 2003

 

 

Miembros del jurado y de la Junta, en el Parador de Santa Catalina

 

Como los premiados eran cinco, se descartó uno y debatió ampliamente qué grado de la vieja cárcel debería permanecer. Al final se inclinó porque fuera poco, sobre todo tras una visita al edificio en la que vieron que era demasiado «adusto y severo» y que su carácter represivo podría derivar en un proyecto conventual, alejado de los cánones de un museo contemporáneo.


Por eso descartó al madrileño Ignacio Vicens y Hualde (tercer premio), que incluye entre sus colaboradores a jóvenes arquitectos jienenses y que fue muy valorado por Moneo. «Seguramente, es el mejor a la hora de resolver la idea de reutilizar la cárcel», dijo, pues mantiene la estructura del edificio, envuelto su perímetro por un lucernario alargado y semiexcavado que sirve de pasillo y acceso a las salas.

Una vez definido el criterio, al jurado le costó decidir entre los dos mejores. El que quedó segundo, del sevillano Ricardo Alario, es una solución intermedia, pues aunque conserva la torre de vigilancia central, vacía el interior. Pero su exterior conserva una iconografía carcelaria excesiva.

«No se pretende prescindir de la memoria, pero tampoco recordar obsesivamente el dolor y la tristeza que acompañan a una cárcel», explicó Moneo. En ello coincidió el director conservador de la Catedral de Jaén, Pedro Salmerón, miembro también del jurado. «Nos pareció un edificio muy fuerte e impactante, y mantenerlo entero, con todos sus condicionantes, era demasiado; pero tampoco nos parecía justo olvidarlo del todo», dijo. «Así, el proyecto ganador, aunque recuerda a la cárcel, permite hacer un museo moderno y que la gente tendrá también la sensación de estar viendo la historia de Jaén», añadió.